Un callejero de cerámica para la Villa y Corte

Puerta del Sol (1)

Las calles del centro histórico de Madrid tienen, casi con total seguridad, las placas indicadoras más creativas, elaboradas y documentadas del mundo. Su autor es Alfredo Ruiz de Luna, ilustre ceramista qué a partir de 1991 diseño, por encargo del Ayuntamiento madrileño las placas de 385 calles de la Villa y Corte, compuestas por nueve azulejos. Pero hasta llegar a este momento, el callejero madrileño paso por diversas situaciones, alguna realmente confusa a la hora de orientarse en el complejo entramado de calles, callejones, travesías, cuestas, costanillas, pasadizos, plazas y plazuelas de la capital de España. Hoy, en DE REBUS MATRITENSIS os invito a conocer esta historia.

Un poco de historia (como es costumbre). Del Real Decreto de Regalía de Aposento al callejero del marques de viudo de Pontejos

Plaza de la Paja (5)

Si paseamos por el casco histórico de Madrid, en especial por el barrio de los Austrias y la Morería, y levantamos la vista para fijarnos en las fachadas de los edificios más antiguos, podremos observar unas pequeñas placas de porcelana blanca, algunas de ellas marcadas con una cruz, que normalmente pasan desapercibidas.

En estas placas se puede leer “Visita G. Manzana Nº…” o “Visita G. Casa Nº…”, correspondiente a Visita General de la Regalía de Aposento. Veamos cual fue su origen.

Felipe II

Cuando Felipe II traslada la capital de España de Toledo a Madrid en 1561, ante la escasez de viviendas promulga el Real Decreto de Regalía de Aposento que obligaba a ceder la mitad de la propia vivienda para alojar y alimentar a los funcionarios reales. Tengamos en cuenta que Madrid en el siglo XVI no era una ciudad propiamente dicha como lo eran Toledo, Barcelona, Valladolid o Sevilla, era más bien un pueblo grande y amurallado, un “poblachón manchego”, como han escrito algunos, situado en un lugar relativamente privilegiado sobre un altozano, con un río de escaso caudal a sus pies.

“El Rey Católico, juzgando incapaz la habitación de la ciudad de Toledo, ejecutando el deseo que tuvo el emperador su padre de poner su Corte en la Villa de Madrid, determinó poner en Madrid su real asiento y gobierno de su monarquía”. (Luis Cabrera de Córdoba, 1559-1623)

Madria hacia 1535 por Ian Cornelius-Vermeyen

Madrid necesitaba construir todo, porque hasta entonces no había tenido nada, salvo una fortaleza, el Real Alcázar, en el lugar donde actualmente se encuentra el Palacio Real, una muralla que databa de la época de Alfonso VI de Castilla y una serie de casas y casonas mal construidas y aun peor organizadas.

Regalia de Aposento

El traslado de la capital, hizo que el elevado número de personas que atendían los servicios del Rey y de la Corte, la población cortesana, se encontraran con graves problemas de alojamiento, ya que Madrid, a diferencia de Toledo, carecía de un número suficiente de mesones y posadas. Ante esta grave situación, Felipe II se vio obligado a promulgar un edicto llamado “Regalía de aposento” mediante el cual, todas las casas de Madrid que tuviesen más de una planta, deberían ceder la planta superior mismas a aquellos que se considerase oportuno. Una cesión por la que no recibían ningún tipo de pago o compensación.

Dispensa Real de Regalía de Aposento

El Edicto Real establecía que el primer piso pertenecía al Rey, que podía disponer de él e incluso venderlo a quien decidiera. La Regalía se aplicó de tres formas, en función del tamaño de la vivienda: Por un lado, estaban las que cedían parte de la vivienda a la corte, por otro lado, las que pagaban un canon debido a que su escaso espacio o su estructura no permitían alojar un huésped, y por último estaban las que no tenían obligación alguna, mediante exenciones compradas o donaciones económicas a la corona, algo que solo estaba al alcance de las clases privilegiadas.

Surgieron así las llamadas “casas a la malicia”, para evitar alojar a funcionarios a pesar de tener dos plantas y desván. Estaban construidas de tal forma que vistas desde el exterior parecía que sólo tenían una planta, gracias a distribuciones imposibles y caóticas del interior, con sótanos que no pudiesen verse desde fuera, tejados muy inclinados donde se habilitaban buhardillas, medias alturas y patios (el mejor ejemplo es la Casa Museo de Lope de Vega en la calle Cervantes) o la colocación de las ventanas de forma caótica y a diferentes alturas con el único propósito de despistar a los alguaciles reales. Todo esto hizo que el cobro de los impuestos en la capital fuera complicado a pesar del esfuerzo de los inspectores, conocidos como visitadores de aposento.

Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marques de la Ensenada

Y con esta complicada situación, llegamos al 22 de octubre de 1749, cuando Fernando VI intenta poner remedio a esta situación encargando a Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marques de la Ensenada la “Visita General”, con el objetivo de realizar un censo que, numerando cada manzana y cada vivienda, facilitara la recaudación de los impuestos correspondientes a la Regalía de Aposento. Se pretendía obtener una relación detallada de las casas y manzanas existentes por aquel entonces.

Planimetría General de Madrid - Manzana nº 277

El resultado final mostró que en Madrid existían 557 manzanas y 7049 casas, que en 1765 se numeraron con las citadas placas de porcelana todas esas casas y manzanas. Sin embargo, a pesar del trabajo realizado para ordenar la ciudad, no fueron pocos los errores que duplicaban la numeración de algunos edificios.

Topographia de la Villa descrita por Don Pedro Texeira. Año 165

Para poder llevar a cabo esta “Planimetría General de Madrid”, un equipo de cuatro arquitectos que, además, recogieron todos los nombres de las calles existentes en la época, se basaron el plano que Pedro de Teixeira realizó en 1656 para Felipe IV, numerándose las manzanas de sureste a noroeste, comenzando por el Hospital General en Atocha, y finalizando en la 557, que correspondía a las propiedades del Príncipe Pío de Saboya, en la Moncloa.

Plano de Espinosa de los Monteros (1769)

El resultado final de la Planimetría General fue la confección del plano de Espinosa de los Monteros en 1769, considerado por los expertos como el segundo mejor después del de Teixeira.

En el año 1769, D. Antonio Espinosa de los Monteros y Abadía, individuo de la Real Academia de San Fernando, dibujó y grabó, por orden del Conde de Aranda, un gran plano de Madrid dividido en nueve hojas y en escala de 1 por 1.900 aproximadamente, que dedicó al referido Ministro, y en el que se representaron las obras entonces en construcción y hasta alguna de las proyectadas. Para la formación de este plano se tuvieron presentes los minuciosos trabajos realizados en cumplimiento de la Cédula Real que dispuso se hiciese la visita general para la Regalía de aposento, labor que, comenzada en l750 y repetida en l766, llevaron a cabo cuatro arquitectos bajo la dirección de D. Nicolás de Churriguera, por quien están autorizados los planos de las 557 manzanas, en escala de 1 por 300, a las que entonces se dió numeración, que por primera vez aparece en el plano de Espinosa”. (Félix Boix)

Sería en 1760, reinando ya Carlos III, cuando se procedió a la colocación de placas en todas las manzanas, colocándose en cada esquina un azulejo con el número de manzana y encima de cada portal otro con el número de casa. El problema se daba cuando en la misma calle se encontraban casas con el mismo número, aunque de distinta manzana, lo que creaba confusiones con demasiad frecuencia, debido entre otros motivos a que por aquel entonces, las calles Madrid eran conocidas por sus nombres populares, asociados con edificios, como iglesias, hospitales, conventos, mesones…, sucesos o acontecimientos allí ocurridos, gremios, nombres de vecinos, a lo que había que añadir que con el mismo nombre nos podíamos encontrar plazas, calles, callejones, correderas, cuestas, costanillas, pasadizos, travesías…. Para complicarlo aún más, la habitual picaresca española hizo que algunos vecinos espabilados, tapiaran sus puertas abriéndolas por otro lado de la calle con el único propósito de confundir a los recaudadores de impuestos. En resumen, todo seguía siendo un caos.

La reforma del marqués viudo de Pontejos

Calle del Marqués Viudo de Pontejos (1)

En este estado de cosas, sería finalmente Joaquín Vizcaíno y Martínez Moles, marqués viudo de Pontejos y alcalde de Madrid por aquel entonces, quien agarraría el toro por los cuernos.

«Este dignísimo funcionario, cuyo nombre no olvidará jamás la población de Madrid, fue el que inició una verdadera revolución en pro de la cultura en la capital del reino y, sin ser un hombre de grandes estudios y conocimientos superiores, bastole la energía de su carácter, la posesión de su buen instinto y la influencia y atracción que ejercían sobre todo el vecindario sus modales simpáticos y caballerescos, para emprender y plantear mejoras sustanciales, no solamente en lo material de la Villa, sino también en sus establecimientos más útiles y morales”.  (Ramón de Mesonero Romanos)

Plaza de Pontejos (9)

En 1833 el Ayuntamiento encargó a Javier de Mariátegui, Arquitecto Mayor, un estudio para establecer la numeración y rotulación de las casas y calles de Madrid, acometiéndose la reforma a partir del 2 de julio de 1834, fecha en que se publicó la Real Orden. A partir de ese momento, cada calle recibiría un nombre oficial, colocándose una placa identificativa en cada extremo. En cuanto a la numeración, en un principio los números eran correlativos hasta el final de la calle y cuando esta llegaba a su fin, se continuaba por la otra acera hasta volver al principio, por lo que el primer y último número de la calle se encontraban uno frente al otro.

km-0

Finalmente, se decidió situar los números impares a la izquierda y los pares a la derecha, comenzando en el punto más próximo al Km. 0 de la Puerta del Sol. En 1835 se presentó el Cuadro alfabético de los nuevos nombres de las calles y plazas de Madrid, que por hallarse repetidos en varios de ellas y así, el 10 de marzo de ese mismo año el marqués acabó con el sistema de numeración por manzana.

Madrid hacia 1840

Fueron 240 calles, casi la mitad de todas las existentes en aquel entonces, las que vieron como cambiaba su nombre de la noche a la mañana, adoptándose a partir de entonces la costumbre de utilizar nombres de personajes y hechos gloriosos de la historia de Madrid y de España. Para la regulación de la numeración de las plazas habría que esperar hasta 1860.

Las placas las calles de Madrid a lo largo de dos siglos

Calle de Ramales

Una vez decidido tan importante cambio, el Ayuntamiento madrileño encargó las primeras placas al marmolista del Asilo de San Bernardino. El problema fue que, según cuenta Pedro Felipe Monlau en su obra “Madrid en la mano o El amigo del forastero en Madrid y sus cercanías”, publicado en 1850, eran unas lápidas claras con el nombre en letras de plomo que al parecer en seguida se deterioraban y caían, por lo que se decidió sustituirlas por unas de cerámica blanca rotuladas en negro, de las que todavía se pueden ver algunas repartidas por el casco antiguo.

El proceso fue largo, ya que había que evitar la demasiado frecuente repetición de nombres y unificar los nombre, eliminando términos propios de las anteriores denominaciones populares del callejero madrileño como ancha, angosta, nueva, vieja, alta, baja, cuesta, costanilla, subida, bajada, pretil… de la antigua y accidentada topografía madrileña, pese a lo cual, en la actualidad aún sobreviven algunas calles con esa terminología, especialmente en lo Austrias y La Latina.

Las cavas Alta y Baja, los pretiles de Santisteban y de los Consejos, la calle angosta de los Mancebos, las cuestas de la Vega y de los Ciegos, o las costanillas de Santiago y de los Desamparados son algunos ejemplos.

A comienzos del siglo XX se comenzaron a colocar unas nuevas placas de metal con letras blancas sobre fondo azul en las que años más tarde se incluyó el escudo de la ciudad, que a lo largo de los años ha ido cambiando. Existen cuatro tipos, en las más antiguas no aparece el escudo de la Villa y Corte, mientras que en las otras tres aparecen los tres escudos que se han venido utilizando sucesivamente. El primer escudo que aparece en las placas es el que tiene el dragón, en 1967 se comenzó a utilizar el escudo con la osa y el madroño y las siete estrellas, y a partir de 2004 se utiliza el logo del ayuntamiento de la capital con la palabra Madrid bajo el escudo.

Por su parte, las placas de azulejos aparecieron por primera vez en el centro de Madrid en los años 30, con imágenes que ilustraban la historia de cada calle o plaza realizadas en la Escuela Oficial de Cerámica de Madrid. En febrero de 1936 se celebró una exposición con estas obras en el Patio de Cristales de la Casa de la Villa, eran setenta y dos lápidas destinadas a las calles madrileñas, en sustitución de las placas metálicas, calificadas entonces como “vulgarísimas” en un artículo publicado por el periódico La Libertad.

Sin embargo, una vez más la Guerra Civil y la escasez de la posguerra hizo que este cambio se paralizase hasta los años 60 del siglo pasado cuando, en tres fases, se colocaron unas nuevas, muchas de las cuales aún se conservan, de 60×60 cm. formadas por 16 azulejos, realizadas por los alumnos de la Escuela de cerámica de la Moncloa En el resto de los barrios se siguieron utilizando las placas metálicas azules.

Sería el entonces alcalde de Madrid Jose María Álvarez del Manzano, quien en los 90 decidió que las placas a instalar a partir de ese momento fueran de 9 azulejos diseñadas por Alfredo Ruiz de Luna, con el objetivo de unificar la imagen de estas ya que hasta entonces se habían venido instalado placas de 16, 15, 12 y 9 azulejos y dependiendo del año de instalación.

El Callejero de Alfredo Ruiz de Luna

Los Ruiz de Luna, una dinastía de ceramistas

Alfar

Han transcurrido más de 100 años desde que, el 8 de septiembre de 1908, el ceramista Juan Ruiz de Luna encendiera su primer horno en el Alfar Nuestra Señora del Prado en Talavera de la Reina, y desde entonces hasta hoy en día, sus descendientes han sabido conservar el arte y la tradición del arte de la cerámica mantenido la tradición en el noble arte de la cerámica.

A comienzos de la década de los 80, Alfredo Ruiz de Luna, nieto del fundador de la dinastía de ceramistas, realizó centenares de decoraciones en cerámica para la ciudad de Madrid, entre las que destaca la decoración mural de la Monumental de las Ventas, y entre los años 1992 y 2012,  los diseños de los 385 modelos de placas cerámicas que adornan las calles del casco histórico de Madrid, unas placas que al final han resultado ser más de 1.400.

En la actualidad, es Juan Ruiz de Luna, biznieto del fundador de la saga y sobrino de Alfredo Ruiz de Luna, quien mantiene viva la tradición familiar a través de la empresa “Las Calles del Viejo Madrid”. Entre sus creaciones nos encontramos con las placas de dos plazas olvidadas por el callejero de Alfredo Ruiz de Luna: la Plaza Mayor y la Plaza de España.

Juan Ruiz de Luna Rojas

Juan Ruiz de Luna

Juan Ruiz de Luna Rojas nació en 1863, en Noez, provincia de Toledo, comenzando desde muy temprana edad a trabajar en la empresa familiar, que se dedicaba a la fabricación de castañuelas otros objetos artesanos. Con 17 años, se trasladó a Talavera donde trabajó ayudando a sus hermanos en su taller de pintura hasta el fallecimiento de estos a causa de una epidemia de cólera que diezmo la población de Talavera de la Reina en 1885, ciudad en la que igualmente se dedicó a la fotografía en un estudio de su propiedad.

Tras la llegada del ceramista cordobés Enrique Guijo a Talavera en 1907, se inició en el mundo de la cerámica y juntos fundaron un año más tarde la Fábrica de Cerámica Artística Nuestra Señora del Prado. Formaron la sociedad “Ruiz de Luna, Guijo y Cía.”, según palabras del propio Ruiz de Luna, de poner en marcha una fábrica con un claro objetivo:

“Hacer resurgir la Cerámica artística de Talavera tan famosa en los siglos XVI y XVII”

Escuelas Pías (7)

En 1911 obtuvo su primer premio ganando la medalla de oro en la exposición general de artes aplicadas y decorativas con un gran retablo de estilo renacentista, y en 1923 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. En 1915 la sociedad se disolvió, convirtiéndose Juan en el único propietario.

 

En Madrid, Juan Ruiz de Luna dejó buena muestra de su creatividad, inaugurando una tienda en la calle Floridablanca 3, de la que se hizo cargo su hijo Juan. Durante la primera etapa de la fábrica, entre los años 1910 y 1915, época en la que Enrique Guijo era el director artístico y el representante de la sociedad en la capital de España, en colaboración con Luis Bellido, el arquitecto municipal que en 1910 acometió la reforma de la Casa de Cisneros, en la Plaza de la Villa, diseño y realizó la decoración de las escaleras y el patio.

Para José María Mendoza Ussía realizo los frisos situados bajo la cornisa del edificio de la antigua Papelera Española, en la calle Mejía Lequerica nº8, y en la Real Botica de la Reina Madre, en Mayor nº 59, aun se pueden contemplar una serie de adornos cerámicos realizados por Ruiz de Luna. De su colaboración con Carlos de Luque se conservan los adornos modernistas del friso superior y la cubierta del torreón en Olavide nº1, y en la calle de Antonio Acuña, esquina con Duque de Sesto, se puede ver la fachada que combina elementos cerámicos y escultóricos y el interior del portal, decorado igualmente por Ruiz de Luna.

Ya con Arroyo de director artístico, se conservan algunas obras realizadas entre 1920 y 1930, como la fachada de la antigua Vaquería del Carmen, en la Avenida de Filipinas nº 1, la decoración de la fachada del Antiguo Colegio de Nuestra Señora de las Escuelas Pías en la calle Padilla esquina con general Diaz Porlier, y en la calle de San Bernardo nº 67 y nº 112, colaboró en la decoración de dos edificios del arquitecto José Antonio de Agreda en los que destaca el uso de la cerámica y la forja de hierro. 

Fuente de los Niños (2)

Colaboró con Mariano Benlliure en la decoración de su casa, realizando los elementos cerámicos de la fachada de su estudio, decorada con un friso, un zócalo y la Fuente de los Niños, formada por un luneto sobre el que se destacaban siete niños que empujaban a otro que caía al agua en una taza de mármol semicircular. El friso estaba formado por parejas de niños que portaban guirnaldas de flores, y el zócalo estaba decorado con motivos vegetales.

Museo Sorolla (15)

Para Joaquín Sorolla, realizó los zócalos de azulejos del antecomedor y de la galería del patio. Asimismo, creo paneles cerámicos para la Colonia de la Prensa, y la decoración interior del Villa Rosa, así como los bocetos de los paneles exteriores, que finalizaría el sevillano Alfonso Romero Mesa. S.M. Alfonso XIII fue igualmente un cliente de Ruiz de Lunas, lo que le valió ser nombrado en 1925, Caballero de la Orden Civil de Alfonso XII.

Juan Ruiz de Luna y sus hijos

Juan Ruiz de Luna murió en 1945, siendo a partir de ese momento sus hijos Juan, Rafael y Antonio quienes se hicieron cargo de la empresa en la que desde muy jóvenes habían aprendido el arte de la cerámica. En 1961, la histórica fábrica, que por entonces se llamaba Cerámicas Ruiz de Luna S.L., apagaba sus hornos definitivamente.

Alfredo Ruiz de Luna González

Alfredo Ruiz de Luna

Alfredo Ruiz de Luna, nació en Talavera de la Reina el 12 de julio de 1948 y falleció en Madrid el 8 de mayo de 2013. Nieto de Juan Ruiz de Luna, e hijo de Antonio Ruiz de Luna, el menor de los hijos varones del fundador de la dinastía, Alfredo se formo como ceramista con sus tíos Juan y Rafael. ​Tras el cierre de la fábrica de Talavera, en 1961 se trasladó a Madrid, donde cursó estudios de arquitectura técnica, que finalizó en 1971. Tras unos años apartado de la cerámica, en 1980 retoma esta afición por la arcilla y los hornos, fundando su primer estudio de cerámica y su propio taller, para dedicarse desde ese momento al oficio familiar. En 1981 consigue los primeros encargos de la Comunidad de Madrid, y en 1984 entra en contacto con la empresa de decoración Alberán Internacional, realizando numerosas obras para establecimientos hosteleros de la capital. De esta etapa son los paneles de azulejos que realizó para decorar la Plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid. En 2000 fue nombrado “Artesano Madrileño Tradicional” por la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad. Alfredo Ruiz de Luna falleció en Madrid, el día 15 de mayo de 2013

El callejero cerámico de Alfredo Ruiz de Luna

Calle de Alcalá

Entre 1991 y 2003, Alfredo Ruiz de Luna creó por encargo del entonces alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, 385 placas de cerámica destinadas a las calles del centro histórico de la Villa y Corte, delimitado las calles de Alcalá, Gran Vía, Bailén, Gran Vía de San Francisco, las Rondas hasta Atocha y el paseo del Prado. A continuación os dejo una breve selección de estas pequeñas obras de arte.

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Entre las 385 placas realizadas en cerámica de Talavera, se encuentran 315 obras originales, mientras que las otras 70 son adaptaciones de las ya existentes desde los años 30 y 60 del siglo anterior.

Las otras placas de las calles del centro histórico

Calle de Luciente

Paralelamente a las placas cerámicas de 9 azulejos creadas por Ruiz de Luna, en algunas calles del centro histórico se pueden ver una serie de placas, realizadas igualmente en cerámica, con un diseño diferente. Salvo en las de Miguel Moya y del Toro, se utiliza únicamente el nombre de la calle enmarcado por una greca. Entre las calles que lucen en sus paredes estas placas nos encontramos con las de Madrid, Flor Baja, Luciente, las Navas de Tolosa, Redondilla, los Milaneses, las Aguas, y la travesía del Arenal.

Otras calles, otros barrios

Hasta aquí hemos visto las placas situadas en el centro histórico de Madrid. Mas de 1500 placas de azulejos repartidas entre calles y plazas. Fuera de esta zona claramente delimitada como ya hemos visto, hay otras, no demasiadas la verdad, repartidas por distintos barrios de la capital. Repasemos algunas de ellas.

A escasos metros de la Gran Vía, que al igual que la calle Fuencarral o la Plaza Mayor, carece incomprensiblemente de la correspondiente placa de azulejos, nos encontramos con la calle de Loreto Prado y Enrique Chicote; por Retiro, tenemos la calle del Maestro Vives, una bocacalle de O´Donnell; cerca de la glorieta del Marques de Vadillo, la actriz Lola Membrives tiene su calle señalada con una placa cerámica.

En Moncloa tenemos, muy próximos entre sí, el Paseo de Juan XXIII y la calle de Vicente Aleixandre; en Vallecas la calle del Payaso Fofó; en el barrio de Justicia, junto a la calle Sagasta esta la placa de Serrano Anguita; y en el barrio de Chamartín, muy cerca de Pio XII, tenemos las placas de las calles dedicadas al Maestro Chapí y al Maestro Lasalle. Es fácil que haya alguna más que se me haya pasado, así que si algún lector sabe de alguna placa de azulejos que no se haya mencionado, le agradeceré que me lo haga saber para poder añadirla.

Calle de Madrid

Y hasta aquí llega esta entrada que, una vez más, ha resultado más extensa de lo previsto. Espero que la hayáis disfrutado. A partir de ahora, seguro que cuando recorráis el centro histórico de Madrid, levantaréis la vista y os fijaréis con detenimiento en las preciosas placas que decoran las fachadas de los edificios del viejo Madrid. Esa era la intención.

 

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